martes, 13 de febrero de 2018

DESDE LA MEMORIA. Puente Llaguno, un caso de Opinión Pública.

DESDE LA MEMORIA.
Puente Llaguno, un caso de Opinión Pública.

Jorge Martens.
CI. 8.044.841.
CSM 1




Caminando por las calles del centro de Mérida me tropecé con un aviso que me llamó mucho la atención por su contenido. Era una suerte de afiche del tamaño de un pliego con un dibujo del conocido caricaturista del diario el Nacional pidiendo la libertad para el comisario Simonovis. Me quede fijamente mirando el afiche pensando en el mensaje cuando repentinamente una señora que también lo miraba visiblemente molesta dijo, “bueno, y por qué no le preguntan a las víctimas de puente Llaguno si quieren la libertad para ese señor”. No quise indagar en lo obvio y no le pregunté por qué había dicho eso. Era evidente que esa señora, en su memoria, tenía una opinión formada sobre los sucesos de aquel fatídico abril del 2002 y que en gran medida mucho tuvo que ver la corriente de Opinión Pública del momento.

Es a partir de este encuentro anecdótico que se me ocurre hacer una reflexión sobre cómo un grupo político posiciona una opinión en un segmento de la población y la moviliza hacia sus objetivos, ejerciendo presión sobre ella a través del uso intensivo de los medios de comunicación de masas 

La idea central de este breve escrito no es cuestionar moralmente las distintas visiones políticas ideológicas que tiene la sociedad venezolana, por el contrario, se trata de aportar un punto de vista particular sobre como los medios de comunicación, transformados en actores políticos, influyeron en el proceso de formación de la Opinión Pública venezolana que desataron los acontecimientos del 11 abril del  año 2002.
En primer lugar exploraremos como se configura el concepto de Opinión Pública en la sociedad de la información. De allí pasaremos a recordar aquellos acontecimientos que marcaron el inicio de la historia de este nuevo siglo en Venezuela. Hablamos de los días de abril del 2002, cuando el desencuentro de las opiniones de dos grupos de venezolanos desencadenó en una espiral de violencia. Para finalizar con una reflexión particular sobre el tema.

La Opinión Pública y los medios de comunicación.

C
onceptualizar la Opinión Pública como algo definido, a mi juicio no tiene ninguna razón de ser. La Opinión Pública es un elemento dinámico del proceso de la comunicación humana y como la comunicación humana en sí misma, es un proceso que evoluciona constantemente en medida que la sociedad evoluciona, en esa misma medida el concepto de Opinión Pública evoluciona.

El concepto de Opinión Pública admite una variedad de visiones. Haciendo un ejercicio se me ocurrió con un grupo de amigos de café, hacer un “cadáver exquisito” con el concepto de Opinión Pública. El ejercicio consistía en que cada uno de los participantes tomara un trozo de papel y escribiera en una frase lo que pensaba para él como concepto de Opinión Pública. Luego se juntarían todos los trozos de papel y con lo escrito por cada uno se haría un solo escrito. El resultado fue este:

Opinión Pública es:

“la imposición de una maquinaria mediática que le dice a una sociedad lo que debe pensar, lo que debe decir y por cuánto tiempo lo debe hacer. Es el monologo del poder que desarrolla el desvinculo. Es el reflejo de lo que piensan las multitudes. Es la reacción alérgica de la sociedad cuando le inyectan una idea. Es como un río lleno de piedras y en cada piedra suena un pensamiento.”

Más allá de lo metafórico del ejercicio, efectivamente la Opinión Pública es lo que piensa el público sobre los asuntos de interés general, lo que llamamos “vox populi”. La Opinión Pública es considerada en muchos casos la expresión de la soberanía popular, que busca representar el peso del pueblo en las tareas de gobierno, legitimando y controlando el poder y el sistema democrático. Algunos afirman que la Opinión Pública es el producto de una fuerza instintiva adornada de razones, en lugar del  fruto que surge a partir de un debate razonado. La Opinión Pública no se reconoce en la razón, la reflexión o el diálogo público, sino en los estereotipos que encubren los impulsos de las multitudes, transformándola en un producto mediocre e impersonal, originado por el poder de las clases dominantes y el control que éstas ejercerán sobre los medios.

Alain Touraine, sociólogo contemporáneo francés dice: “Somos a la vez de aquí y de todas partes, es decir, de ninguna”, para expresar en cierto modo, que pertenecemos a una sociedad globalizada que está unida por una red virtual por donde circula tal cantidad de información que no nos permite detenernos a reflexionar sobre lo que diariamente nos llega a través de distintos medios, fragmentándonos, atomizándonos y finalmente transformándonos en meros consumidores pasivos de información. “Estamos informados de todo, pero no nos enteramos de nada”, dice el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores. Vamos progresivamente perdiendo nuestra identidad nacional para transformarnos en “ciudadanos del mundo”.

Eduardo Galeano en su trabajo “Curso Intensivo de Incomunicación” expresa lo siguiente:

La cultura se está reduciendo al entretenimiento, y el entretenimiento se convierte en brillante negocio universal; la vida se está reduciendo al espectáculo, y el espectáculo se convierte en fuente de poder económico y político; la información se está reduciendo a la publicidad y la publicidad manda. El espectacular progreso de la tecnología de la comunicación y, los sistemas de información está sirviendo, sobre todo, para irradiar violencia como modo de vida y como cultura dominante. Los medios de comunicación que más mundo, y más gente, abarcan, nos acostumbran a la fatalidad de la violencia y nos entrenan para ella desde la infancia. En el mercado se impone un detergente, como en la opinión pública se impone un presidente. Ya no es necesario que los fines justifiquen los medios, ahora son los “medios” que justifican los fines de un sistema de poder que impone sus valores a escala planetaria, Este adorado tótem (la televisión) de nuestro tiempo es el medio que con más éxito se usa para imponer, en los cuatro puntos cardinales, los ídolos, los mitos y los sueños que los ingenieros de emociones diseñan y las fábricas de almas producen en serie. Los empresarios de la televisión brindan tribuna a los políticos, y los políticos retribuyen el favor otorgándoles impunidad; impunemente, los empresarios pueden darse el lujo de poner un servicio público al servicio de sus bolsillos privados.

Efectivamente los medios masivos de información son la plataforma donde se construyen cogniciones socialmente compartidas y formas de interpretar la realidad. Los medios de comunicación hacen sentir al espectador partícipe de los acontecimientos que observa, los cuales son los que los medios le muestran, pues a la vez se le están ocultando otros que están sucediendo en el mismo momento. Los medios de comunicación están en manos de empresas multimillonarias que únicamente velan por su interés. Afilian al servicio de sus ideas a centros de investigación, universidades y fundaciones mediante su financiación. Estos centros propagan y afinan la información financiada a través de esas entidades multimillonarias, creando un pensamiento único en la sociedad acorde con los intereses de estas entidades. La información será recogida y reproducida por los grandes medios de información en manos de poderosos grupos industriales y financieros que crean mensajes y los repiten hasta la saciedad, convirtiendo la información en manipulación.
La conciencia existente en los miembros de un grupo de formar una colectividad que mantiene opiniones semejantes con respecto a un tema, las discrepancias en torno a un acontecimiento entre dos públicos o entre todos y el poder, o la misma mediatización de la opinión, constituyen la Opinión Pública.
V. Rovigatti dice que la información es la que hace posible el paso de un conjunto de opiniones individuales a una única Opinión Pública. “La información crea un aglutinamiento de opiniones individuales y determina entre los opinantes la conciencia de formar parte de un grupo que tiene su propia fuerza de presión en la realidad social”.
Una información es introducida a través de un medio dentro de un clima de opinión. Esa información se transforma en Opinión Pública, que da lugar a una serie de reacciones de las que resulta la adquisición de unos comportamientos determinados. Estos comportamientos serán el sujeto de una nueva información, y así sucesivamente.
El ambiente en el que se desarrolla un grupo social también interviene en la formación de la Opinión Pública. Las opiniones individuales, los patrones culturales y las decisiones de poder contribuyen a crear una Opinión Pública que puede estar orientada en un sentido o en otro.
Hasta hace poco, informar era describir un hecho y establecer una serie de parámetros que permiten al espectador comprender su significación, pero hoy en día informar es mostrar la historia en marcha, hacernos asistir en directo al acontecimiento. La imagen del acontecimiento basta para darle toda su significación, el objetivo del ciudadano no es ya comprender el acontecimiento, sino verlo. Con esto, la televisión condena a todos aquellos acontecimientos que no tienen imágenes al silencio.
Como lo ocurrido en puente Llaguno en abril del 2002. La televisión nos mostró a un grupo de personas que disparaban desde el puente. Esta imagen era reforzada por el discurso de un narrador que señalaba a “los pistoleros del puente” como los responsables perpetradores materiales de una masacre al pueblo venezolano que había salido pacíficamente a manifestarse contra un régimen dictatorial de carácter comunista que estaba acabando las instituciones democráticas del país.
Una idea que era una y otra vez repetida por la mayoría de los medios. Lo que nunca dijeron los medios era a que en realidad le estaban disparando aquellos hombres que estaban junto a una gran multitud en puente Llaguno.
Para recordar un poco la historia.

P
ara abril del 2002 en Venezuela habían transcurrido sólo cuatro meses de la promulgación de la primera ley habilitante que le daba facultades al presidente de la república para decretar leyes. De estas leyes se promulgaron dos leyes que servirían como detonante de un debate nacional que terminaría en la muerte de un grupo de venezolanos el 11 de abril de ese año 2002.

Hablamos de dos leyes que afectarían directamente a dos poderosas élites de la sociedad venezolana. La ley de tierras que no sólo afectaría los intereses de la oligarquía más antigua de Venezuela dueña de grandes extensiones de tierras si no de una nueva “oligarquía” emanada de aquella reforma agraria del 61, que aprovechando su condición de grupo de poder político dominante desplazó al campesinado apropiándose de sus tierras. Y, por otro lado, la ley de hidrocarburos que le devolvería a Venezuela la soberanía sobre su más preciado bien. El petróleo. Esta ley particularmente afectaba los intereses de poderosas transnacionales de la energía que habían comenzado a posesionarse de los procesos de exploración, explotación y comercialización de las fuentes energéticas venezolanas, teniendo dentro de la estatal petrolera a un importante número de ejecutivos que respondían a los intereses de estas transnacionales y que conformaban un grupo llamado de la “meritocracia”. A estos dos grupos se le sumaban otros dos grupos de interés. El de una clase de empresarios parásitos que Vivian de la especulación y de una renta extraída al estado a través de las prebendas políticas. Y una clase sindicalera que no respondía a los intereses de la clase trabajadora si no a los intereses del patrón.

Por otro lado se encontraba el inmenso y noble pueblo venezolano. Pueblo dividido en una clase media trabajadora, que vivía de la ilusión permanente de alcanzar un status social y económico mayor y que estaba afligida por el recuerdo de unos tiempos de bonanza y despilfarro que habían desaparecido en aquel famoso viernes negro  que terminó por desintegrar un sistema económico que venía en decadencia. Y, finalmente, el pueblo llano y trabajador. La clase obrera y campesina, siempre oprimida e invisibilizada. Como escribe Galeano: Nunca tantos habían sido incomunicados por tan pocos”. Clase trabajadora, permanentemente empobrecida, que venía del despertar de aquel 27 de febrero del 89, y que había encontrado en la figura de su presidente, la esperanza de dignificarse como ciudadanos de un país que los había tirado al olvido.

Es así que este pueblo venezolano se transformaría en el caldo de cultivo para un “enfrentamiento de clases”, que desencadenaría en un golpe de estado que repusiera nuevamente a la burguesía en el poder. Para ello, la élite dominante, transformada en un gran grupo de presión, dueña de los medios de comunicación, posicionaría en la clase media, una matriz de opinión  fundamentada en sembrar el miedo. Miedo al comunismo que te va quitar todo lo que lograste en tu vida, y ese miedo rápidamente se transformo en rabia hacia aquel “desdentado”, el pobre,  que iba a materializar el despojo. Es así que en las grandes urbanizaciones del este de Caracas las familias comenzaban a desconfiar de sus empleadas domésticas, de sus jardineros y de toda aquella gente que no poseyera su status, porque ellos  eran el enemigo. En síntesis, el grupo de presión, (élite dominante), a través de sus medios, impone en la masa crítica, (clase media), una matriz de opinión con el fin de movilizar al logro de sus objetivos. Retomar el poder político que habían perdido.

Recordemos que para la época, la mayoría del espacio radioeléctrico, se encontraba en manos de las élites. El estado sólo disponía del canal del estado que además se encontraba en proceso de reconstrucción ya que había sido diezmado por los anteriores gobiernos con el fin de privatizarlo. Todos los medios impresos nacionales y regionales respondían a los intereses de los grupos económicos que ponían en ellos toda su publicidad y que de por sí eran sus dueños. Toda la infraestructura comunicacional al servicio de la élite.

A partir de allí se inicio toda una campaña intensiva que se materializó el 11 de abril en una gran marcha que tenía originalmente como punto de llegada la sede de PDVSA en Chuao, pero al llegar ahí, fue desviada hasta Miraflores donde desde algunos días se encontraba apostada una masa de gente que defendía sus ideales. Vendría el choque. Ya no era la diferencia de opiniones sobre la visión de país que debe existir en toda sociedad. Era la manifestación del desencuentro de un mismo pueblo que terminaría en violencia. En muerte.

A manera de conclusión.

Es difícil olvidar la historia cuando el recuerdo está vivo en la memoria. Quizás eso le paso a la señora que hizo el comentario sobre el aviso que pedía la libertad para Simonovis. Pero más allá de si el capitalismo o el comunismo son malos o buenos considero que es importante, si no vital, recuperar la sindéresis y la tolerancia frente a la opinión del otro.

Para ello es necesario abrir los espacios para la reflexión y el empoderamiento del conocimiento que nos permita ser más analíticos a la hora de emitir juicios sobre los distintos temas que cruzan perpendicularmente nuestra cotidianidad. Es importante empoderarnos también de los medios de producción de contenidos y generar una nueva ética comunicacional basada en el respeto y la solidaridad.

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